lunes, 16 de mayo de 2011

domingo, 15 de mayo de 2011

El color de sus ojos

El color de sus ojos cambiaba con las emociones o el mal tiempo. Sus profundos colores azules se tornaban verdes y luminosos cuando sonreía, feliz, y generosa compartía su alegría con nosotros, sus súbditos. Pues ella era una reina. Se llamaba Irma y era mi madre.

Nació a principios de los años veinte, en un siglo que ya es pasado y al que sobrevivió hasta hace unos pocos años. Repito una anécdota de su infancia, poblada de naranjos y acrobacias y de risas sin fin. En el día de su cumpleaños, un 29 de setiembre, cuando era pequeña, mi madre observó desde la ventana de su casa que muchas personas se aglomeraban en la calle, se abrazaban, gritaban y lloraban. Emocionada, le consultó a su mamá si todas esas personas venían a celebrar su cumpleaños. En el Chaco paraguayo, el ejército al mando del Coronel Estigarribia, acababa de ganar la batalla de Boquerón, victoria fundamental para la marcha futura de la contienda.

Mi madre cantaba. Enamorada del canto y de la vida, era feliz, pero muy pronto debió enfrentarse a esos desafíos que a veces la vida le pone a uno enfrente, y que nunca se terminan de entender. Su propia madre, mi abuela, muy estricta, a la manera, a la peor manera de nuestros mayores, la hizo encarcelar en la prisión del Buen Pastor, cuando apenas tenía 18 años. Me cuentan que esto que es tan terrible se hacía en ocasiones, años ha, aunque nunca terminé de comprenderlo. Quizá la rebeldía feliz de mi madre, su opción por el canto, o simplemente su belleza manifiesta, la llevaron a esa decisión. Y así, estuvo dos años allí. Dos años es mucho tiempo, incluso para el enojo de una madre que la visitaba a veces, muy pocas, sin permitir que otros miembros de la familia la vieran. Esta historia triste se constituyó en uno de esos secretos familiares, en que se mezclaban la vergüenza y la rabia. Quizá era yo el único que lo ignoraba, hasta que ella misma me lo contó, sintiendo que vivía sus años finales. Con la emoción reflejada en sus ojos, pero no en su voz, me relató con palabras sencillas lo que había sucedido, me explicó que en aquella época, no obedecer a tus padres podía tener ese tipo de consecuencias, y yo la escuché atónito. Esa noche lloré como me enseñaron que deben llorar los hombres, solo, aún preguntándome por qué.

La vida siguió, impertérrita, y ella,alejada del canto, se enamoró de un futbolista del club Nacional, a quien entregó su virginidad, un poco en venganza por lo sucedido. Un amor sin mayores consecuencias, excepto su opción por el club, que mantuvo toda su vida. Poco después conoció a mi padre. Caminaban juntos hasta llegar a la casa familiar, de donde mi padre era echado sin contemplaciones por esta señora destemplada que fue mi abuela. Pero la terquedad, característica de los vascos, lo mantuvo cerca, y finalmente se casaron. Comenzó entonces el largo peregrinar de una pareja, siempre bajo la batuta bohemia de mi padre, fotógrafo de profesión y viajero por pasión. Asunción, Encarnación, Formosa, Corrientes y quién sabe qué otros lugares visitaron y habitaron, cada vez con más hijos. Por último, en Asunción, mi madre le lanzó esa mirada profunda y azul y le informó que ya no se volverían a mudar, por lo menos de ciudad. Y allí nací, sexto y último hijo de esta unión asombrosa.

Mi madre trabajaba mucho. Seis hijos no se crían solos. Hacía maravillas con el escaso dinero que mi padre traía a casa. Para saber más de mi padre podrás, misterioso lector que me sigues a través de este otro misterio que se llama internet, ver un poco más de este muro hasta encontrar su historia. Así, sabrás también que no era fácil ser opositor a Stroessner en épocas en donde la oscuridad quería, pero no podía, llenar todos los corazones.

Transcurrieron los años. La vida, el dibujo y el amor me alejaron de la casa paterna, a la que sin embargo retorné un domingo, el eterno domingo de los almuerzos en familia. Allí, en el pasillo, los dos solos, lloró sobre mi hombro la sombra de mi ausencia. Se recompuso rápidamente, pues esa era su naturaleza, y sonrió, acariciándome el rostro.

Tuvo que enfrentar también la partida de Nito, su esposo y mi padre, y su propio alejamiento de la casa que habitaba. La vejez tiene estas cosas melancólicas de quizá dejarnos a merced de los que más amamos. Vivió con mis hermanos y hermanas, una reina en el exilio, siempre majestuosa y digna. En ocasiones, en fiestas familiares, nos concedió la gracia de su voz bella y quebrada por los años, cantando uno de sus tangos favoritos, "Volver".

El mismo tango con el que la despedimos, en el cementerio de la Recoleta. Allí, con mi propia voz quebrada, atiné a realizar una desordenada semblanza de su vida. Pero, ¿cómo definir a una reina? ¿Cómo poner en palabras tanta majestad?

Hoy, en que también se celebra este Bicentenario maravilloso en que recuperamos un poco de nuestra memoria, decidí también homenajear a mi querida madre, y recuperar algo de la mía.

Felicidades, mamá, en tu día.

POR QUÉ SOY PARAGUAYO

Algunos responderían a esta simple cuestión diciendo que han nacido acá y que no les queda más remedio que asumir esa nacionalidad que, en el fondo, quizá desprecian.

Quisiera contarles por qué yo soy paraguayo. Una de las razones, sin duda, es que el inagotable peregrinar de mis padres se agotó un poco antes de mi nacimiento, justo en la ciudad de Asunción, donde nací. Pero esa no es toda la verdad. Afortunadamente.

Soy paraguayo porque he podido elegir. Viví en una de las ciudades más grandes del mundo, y trabajé en lo que me gusta, y sin embargo decidí retornar pues quería estar con mi familia, mis amigos y mi país.

Soy paraguayo porque transité las calles soleadas y calientes de la infancia asuncena, en que, reunidos alrededor de una planta de mango, susurrábamos las historias secretas de los mitos de nuestros ancestros, con testimonios juramentados de veracidad.

Soy paraguayo porque al escuchar nuestra música, siento deseos de besar a la luna y declamar poesías a la oscuridad.

Soy paraguayo porque de niño he jugado al fútbol en la canchita de nuestro barrio, en Asunción, en los fondos del callejón que entonces se llamaba Pasaje Recalde.

Soy paraguayo porque he visto jugar al Nino Arrúa en la cancha de Cerro Porteño, y por su esfuerzo, sus lágrimas y su talento goleador he decidido ser cerrista hasta el final de mis días.

Soy paraguayo porque he descubierto el amor a la salida de la escuela, cuando Elva Rosa juró amarme para siempre.

Soy paraguayo porque al leer, he descubierto el mundo, y al descubrir el mundo, leí acerca de la historia de mi patria.

Soy paraguayo porque he sabido del heroísmo de mis compatriotas.

Soy paraguayo porque la tragedia y el infortunio nos acechan y yo deseo fervientemente que nos dejen en paz.

Soy paraguayo porque he leído historietas de Robin Wood y he descubierto después que él también lo es.

Soy paraguayo porque he dibujado desde niño y nadie me ha enseñado ni me ha impedido ser lo que soy.

Soy paraguayo porque quiero serlo.

Tan simple y tan claro como eso. También podría ser coreano o ruso si lo deseara. Créanlo porque es verdad. Pero quiero ser paraguayo hasta morirme, porque este es el país que elegí y que amo a pesar de todo.

Feliz Bicentenario.

sábado, 12 de marzo de 2011

El Trompo Arasa va al rescate de los sueños











El Trompo Arasa, personaje del Bicentenario de Paraguay, empieza su aventura, peligrosa y desafiante: rescatar los sueños y la memoria de una nación, intentando recuperar sus recuerdos, su identidad como pueblo y su capacidad para proyectarse hacia el futuro. No es poca cosa, así que solicita la ayuda de Kike y Claudia, dos hermanitos que acceden a ayudarlo y a aportar su inocencia y entusiasmo en la ardua tarea.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Hiras, hijo de Nippur, y la Navidad.

¡Felices Fiestas!


El Trompo Arasa, personaje del Bicentenario de Paraguay, envía un fraternal saludo a todos los amigos que visitan este blog, desde cualquier lugar del mundo.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Obama, comprometido con la solución de las goteras.



Our government has already called for a specialist to solve the problems of leaks ...

sábado, 27 de noviembre de 2010

Hiras, hijo de Nippur: Jinetes / 3














El capítulo 3 de la tormentosa saga de los jinetes. Guión de Robin Wood, dibujos míos y colores de Pablo Lizalde. Las páginas no aparecen en el orden correcto porque no sé cómo hacerlo con el sistema de Blogger. De todas maneras cada página está numerada.

jueves, 28 de octubre de 2010

La mascota oficial del Bicentenario de Paraguay es el TROMPO ARASA






Los motivos que me llevaron a su creación fueron varios. En primer lugar, la decisión de participar del concurso fue producto de la convicción de que el humor gráfico y la historieta paraguayos también son parte del Bicentenario. Y tienen muchas cosas que decir al respecto, como podrás comprobar a lo largo de estos breves meses que nos separan de la celebración más importante que tendremos de aquí a cien años.

Por otra parte, en el momento de elegir qué retratar para simbolizar lo nuestro, rayando papeles, el recuerdo del pequeño y humilde trompito arasa fue una de las imágenes más recurrentes y terminó por desplazar a otras que, si bien eran interesantes, no eran lo suficientemente distintivas y carecían del elemento lúdico que estaba buscando.

El trompito permitía el juego cómplice de ir y venir, paseando por sus historias, por su identidad y por su proyección hacia el futuro. Su capacidad de moverse y de incluir la participación de quienes se sumaran al juego le daba un plus adicional.

Basado en el tradicional juego infantil, y en la genial música de Herminio Giménez, "Che trompo arasa", gira y gira tras el rescate de la memoria y los sueños de una nación, mostrando distintas facetas de la independencia en cada aparición.

En el momento de dibujarlo, la idea fue hacerlo muy simple, con gran economía de líneas, de manera que cualquier persona pudiera reproducirlo en donde sea.

Incluí un sombrero, que irá cambiando en función de los temas. Para los propósitos de la presentación, fue un sombrero de carácter histórico, similar quizá al que usaban nuestros próceres. El pequeño trompito también se presentará, más adelante, con sombrero piri, kepis o cualquier otro que ayude a identificar el tema del cual se está hablando.

http://www.facebook.com/pages/Trompo-Arasa/136170193101960

domingo, 17 de octubre de 2010

Nikolas Klon, episodio 2: Hasta que la vida nos separe






Algunas páginas del episodio 2, aún en producción. El guión y los dibujos son míos, los colores, de Kike espinoza. Los dibujos datan de tiempo atrás, quizá dos años... Ahora estoy tratando de terminar el proyecto, con nuevas páginas que están en el proceso de lápiz...